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TEORÍA Y PRÁCTICA DE LA ESGRIMA TRADICIONAL

La Sala de Armas El Batallador sigue un sistema teórico de la esgrima, el cual condiciona el uso de todo tipo de espada, que se rige por una lógica y una ciencia de angulaciones y de la propia seguridad del ejecutante de la técnica.

Porque si la técnica que se realiza no es segura para el ejecutante, en una situación real podría funcionar, pero tarde ó temprano, al ser peligrosa, acabaría con la vida del mismo, por lo que no es ni históricamente correcto ni realmente factible (solo se desarrolló la esgrima gracias a los luchadores supervivientes a los años de combate y lucha, y para conseguirlo tuvieron que evitar, lógicamente, la imprudencia y el riesgo en su técnica).

Esto nos lleva a la conclusión de que, históricamente, el diestro que lucha por su vida realiza movimientos y técnicas que desnudan la guardia del rival sin repercutir en un riesgo a su propia integridad. Para comprender todo lo que se entrena, se ha de entender primero esta premisa.

Otro importante concepto es el de la ofensa y la defensa, puesto que si somos demasiado defensivos, nuestro oponente podrá atacarnos sin temer ser herido, y podrá ofendernos una y otra vez sin repercusiones, conservando la iniciativa y finalmente alcanzándonos.

En cambio, si somos muy ofensivos, cometemos demasiados riesgos, abriendo nuestras guardias y permitiendo a nuestro oponente herirnos, a pesar de que pudiéramos alcanzarle medio segundo antes.

Por lo tanto, la verdadera destreza fluye en aquellos movimientos que, manteniéndonos en un estado de seguridad, permiten colocarnos en situación ventajosa frente a nuestro oponente, en disposición de herirle (Privación de herirnos, Sujeción de su espada y Disposición de herirle, finalmente la Herida).

La esgrima que se aprende, entrena y desarrolla (puesto que la esgrima está siempre en constante evolución, conforme el entendimiento de la misma llega a niveles superiores) en la Sala de Armas El Batallador está basada en muchas fuentes de Maestros históricos y los tratados que nos legaron.

¿Podemos decir, entonces, que estamos utilizando la escuela alemana del siglo XV de espada a dos manos ó que estamos utilizando el sistema de combate que Sigmund Ringeck enseñaba a sus alumnos? ¿Podemos decir que usamos la espada ropera de la misma manera que lo hacía Pacheco de Narvaez?

La respuesta es, lógicamente, “no exactamente”. Muchos Maestros españoles, alemanes e italianos nos han legado tratados donde exponen sus sistemas de combate, con sus bases prácticas y ejecuciones de las técnicas, en todas sus variantes. Pero, por mucho que se intente, una escuela es algo más sutil que las técnicas en si mismas, puesto que, sin importar la localización, ya sea Italia, Alemania ó España, la espada a dos manos responde a unas bases teóricas universales, y cuando empiezas a estudiar decenas de tratados y a compararlos, te das cuenta que las similitudes técnicas son muy grandes, y las conclusiones parecidas.

En realidad, una escuela es una suma de cualidades que tiene un Maestro y la forma de enseñar a sus alumnos, la manera que tiene de interpretar su arte y de comprenderlo en su aplicación práctica, el énfasis que da a ciertos conceptos, sus propias características físicas, etcétera. Este tipo de detalles no pueden plasmarse, por mucho que se intente, en el papel. Y podríamos decir que cada Maestro fue una escuela, puesto que ha llegado a un nivel muy alto del entendimiento del arte y posee a la vez sus propias conclusiones y aportaciones personales al mismo.

Por lo tanto, tampoco podemos decir que existiera, por ejemplo, una escuela alemana, sino más bien una Tradición Liechtenauer. Johannes Liechtenauer, creador de esa tradición según las fuentes en el siglo XIV, realmente tampoco invento un sistema nuevo, sino que, fuera de toda duda, haría una revisión de lo que a lo largo de su vida como guerrero aprendiera de otros Maestros, unificando un sistema de técnicas y conceptos básicos, que ya existían, en una serie de versos para facilitar su enseñanza. La Tradición Liechtenauer se extiende hasta finales del siglo XVI, pero lógicamente está en constante evolución, y a pesar de que el conjunto de técnicas se llaman igual y tienen la misma base, cada Maestro posterior tenía su forma de entender el arte particularmente, añadiendo ciertas guardias ó ciertos conceptos nuevos (lo cual no quiere decir que mejorasen el arte). Algunos de ellos pudieron plasmarse en el papel de sus tratados, pero lógicamente, muchos otros quedaron en el olvido.

Incluso algunas guardias son adoptadas de forma levemente diferente dependiendo de a qué fuente nos aproximemos, aunque las bases y sus características biomecánicas son siempre las mismas.

Por lo tanto, debemos unificar un sistema de combate desde sus bases, es decir, desde su entendimiento biomecánico, que nos permita comprender el por qué se forma así esa técnica, y no solo saber que en tal situación se usa.

Comprender el por qué, práctica y científicamente, nos permite asimilar, por medio de los tratados, un sistema de combate antiguo, pero que estaba regido por unos conceptos científicos como son los ángulos y, en concreto, la geometría misma.

¿Por qué acudimos, entonces, a la Destreza Verdadera como una de las fuentes básicas en el manejo de la espada a dos manos en uso dos siglos atrás?

Muy sencillo, porque la Destreza Verdadera no es un sistema práctico de lucha con espada ropera, sino un sistema teórico universal del entendimiento y la verificación científica del uso de la espada por medio de la geometría. Estas bases teóricas no son únicamente aplicables a la espada ropera, sino a cualquier espada recta con punta y corte y una guarda en forma de cruz. Incluso algunas fuentes de la época utilizan la Destreza para explicar el uso del mangual.

Dando uso a este rico sistema teórico verificamos todas las técnicas y conceptos anteriores y, podemos afirmar que, sea la espada que sea, a través de los siglos, su uso ha respetado siempre este sistema teórico universal llamado Destreza Verdadera.

Por lo tanto, dado que en la Sala de Armas El Batallador y en la AEEA entrenamos varios tipos de espadas diferentes, necesitamos un sistema terminológico aplicable a todas ellas, y aunque prácticamente (al aplicar los conceptos teóricos) las ejecuciones difieren en cada arma en particular, teóricamente toda espada atiende a sus conceptos comunes.

La Destreza Verdadera nos ayuda a unificar las diferentes armas en un entendimiento común, pudiendo progresar más rápidamente y evitar la redundancia en el entrenamiento y en el estudio.